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¿PODEMOS AYUDAR A NUESTROS HIJOS ADOLESCENTES?

La adolescencia es una etapa crítica, en la que ocurren cosas maravillosas que no se olvidan jamás y otras situaciones complicadas que pueden dejar huella. En ella vivimos nuestros primeros amores y decepciones, nos preocupa más la imagen, pasar más tiempo con l@s amig@s, comienzan los desafíos hacia los padres, nos sentimos incomprendidos por los adultos y tenemos la sensación de nadar solos en medio de un gran océano. Se convierte en una gran aventura que es importante conocer para ayudar a nuestros hijos a disfrutarla y que la vivan de la forma más positiva posible.

¿CÓMO PODEMOS HACERLO?

La teoría es fácil, pero el día a día con un adolescente, nos lleva como padres a vivir durante una etapa de nuestras vidas en un tira y afloja continuo con nuestros hijos, en el que si sus emociones están a flor de piel las nuestras no se quedan atrás.

En primer lugar, es importante sentirnos fuertes emocionalmente y tener muy claros los límites que les vamos a exigir a nuestros hijos. Por ello es necesario que toda la familia rememos en un mismo sentido. Este aspecto, que a veces pasa desapercibido, va a proporcionar a nuestros hijos mayor seguridad y respeto hacia nosotros.

Por otro lado, hemos de tener en cuenta el gran salto al que nuestros hijos se están enfrentando. El final de la niñez y el principio del mundo adulto nadie dijo que fuera fácil. Las inseguridades les invaden y, en ocasiones llegan a bloquearlos, por lo que como padres debemos ayudar a reforzar su autoestima, transmitirles confianza y seguridad. Es importante valorar y reconocer continuamente lo que hacen bien y ofrecer ayuda y consejo en todas las situaciones que lo necesiten. Debemos saber ponernos en su lugar y, a veces, aprender a pensar y sentir como ellos para poder comprenderlos mejor, y de este modo la ayuda será más efectiva.

Otro aspecto fundamental es la necesidad de comunicarnos con nuestros hijos. No debemos ocultarles informaciones que les afectan ni hablarles a gritos. Debemos hacerlos partícipes de las conversaciones, y darles la posibilidad de expresar y mostrar sus puntos de vista. Debemos transmitirles que sus opiniones nos parecen interesantes dándoles valor. De este modo, seguimos favoreciendo su autoestima y autoconcepto, confianza y seguridad en uno mismo y en los demás, además les estamos ayudando a sentirse cada vez más integrados.

No es aconsejable imponerles las cosas, todo puede llevarse mejor a través de un proceso de consenso en el que unos días tendrán que ceder ellos y otros días nosotros. No se trata de una lucha de liderazgo en la que siempre los adultos tenemos la razón. La única ventaja con la que jugamos los mayores, es la de la experiencia, que puede aportar a nuestros hijos puntos de vista que ellos no son capaces de apreciar.

Podríamos decir que la adolescencia es un viaje que no está libre de turbulencias y baches y en el que nosotros, sin perder nuestra posición de padres, debemos hacer un esfuerzo por ir adaptando nuestras creencias y valores, sin olvidar su esencia, a las diferentes situaciones del día a día que vive un adolescente. Podemos hacer de éste, un viaje inolvidable siempre y cuando todos aportemos nuestro granito de arena.

Abróchense los cinturones y pongan su mejor sonrisa para embarcarse en esta aventura.

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